jueves, 17 de julio de 2014

Una Historia de Terror

Transitando por una solitaria carretera, el automóvil de un sujeto sufre una seria avería. Serían las once de la noche y llovía a cántaros, los relámpagos iluminaban el cielo y no había un alma en todo el camino. El sujeto procedió a instalar los reflejantes unos metros detrás del vehículo cuando de pronto vio las luces de otro auto que se acercaba lentamente, la lluvia era tan intensa que comenzó a gritar y a hacer señas para que se detuviera. El coche paró y el tipo abrió la portezuela. Al abordar la unidad comenzó a platicar: “¡Gracias a Dios que pasó por aquí!, ¿sabe?, mi auto se averió y necesito llegar al poblado más próximo porque…” En ese momento cerró la portezuela y al dirigir la mirada al conductor el sujeto palideció al ver que el asiento estaba vacío. Mayor sería su sorpresa cuando el auto comenzó a moverse lentamente. El sujeto no podía hablar, quedó petrificado, escuchó gemidos y voces con un extraño eco que no permitía distinguir lo que decían, volteó su vista hacia el camino y vio que se aproximaba a un barranco... supo que sería su fin. De pronto una mano fantasmal tomó el volante y lo giró suavemente siguiendo el trazo de la curva y pasando a centímetros del desfiladero. Blanco como un papel el sujeto abrió la portezuela y saltó al exterior, levantose de inmediato y echó a correr hasta que llegó a un poblado cercano. Al llegar vio un lugar iluminado por un foco en el umbral de la puerta y un letrero con luces de neón que decía “bar”, ingresó al lugar en el cual se encontraban algunas personas conviviendo a la tenue luz de los focos y al amparo de unas cuantas botellas de licor, se acercó a la barra totalmente empapado, temblando y blanco como un cadáver. Balbuceando pidió al cantinero un vaso con whiskey y cuando lo tuvo en sus manos lo tomó de un solo golpe y pidió otro. El cantinero lo observaba atentamente y se atrevió a preguntar qué ocurría, a lo que el sujeto, ya un poco calmado, contestó que había tenido una terrible experiencia, una experiencia sobrenatural, comenzó a platicar su historia y los clientes empezaron a acercarse para escuchar atentamente cada palabra, casi finalizaba el relato cuando de pronto se abrió la puerta con un terrible golpe, seguido del resplandor del rayo y casi de inmediato el sonido del trueno. Dos figuras humanas penetraban en la tenue luz del lugar ante el asombro de todos, entonces, uno de ellos dijo: “¡Mira Manuel… ahí está el cabrón que se trepó al coche cuando veníamos empujando!”.