Resulta que la cosa más graciosa me ha ocurrido la semana pasada cuando me encontraba en la cátedra de Estadística.
El profesor comenzó el tema, a saber, "Espacio Muestral".
De acuerdo con lo que alguna vez estudié en la carrera de ingeniería puede definirse como el conjunto de todos los resultados posibles de una experiencia aleatoria.
En fin, escribió un ejercicio en el pizarrón: "¿cuál es la probabilidad de que en el primer lanzamiento de un par de monedas se obtenga cara-cruz y en un segundo intento cruz-cruz?"
A decir verdad no recuerdo del todo la descripción del problema e incluso he llegado a pensar que el ponente tampoco lo copió bien, sin embargo se trataba de determinar el espacio muestral y la probabilidad mediante las combinaciones lógicas de los eventos.
Una vez escrito el ejercicio procedió a resolverlo, así que escribió los espacios muestrales: (cara;cara); (cara;cruz); (cruz;cara); (cruz;cruz), aún no terminaba de escribir cuando una voz se alzó entre los presentes, y con autoridad y seguridad propias de alguien que ignora lo que dice pero que confía en su suerte dijo: "¡Eso no es cierto!... ¡está mal!", de inmediato varias voces hicieron eco, tal como lo haría un rebaño de ovejas apoyando a uno de sus congéneres.
-"Dígame ¿por qué estoy mal?"...
-"¡Porque no es posible que en dos lanzamientos se obtengan esos resultados!"...
Hubo un silencio incómodo y por un momento consideré el comentario como un chascarrillo para romper la monotonía de la clase, sin embargo noté la confusión en los rostros de los ahí presentes y el nerviosismo del ponente, así que supe que la cosa "era en serio"... por así decirlo.
-"Bueno... dígame ¿en qué estoy mal?"...
El alumno, sacando una moneda de su bolsillo, dijo:
-"Porque si lanzo esta moneda dos veces es imposible que en el primer intento salga cara y en el segundo cruz, y si lanzamos dos sus probabilidades son aún menores, ¡por lo que eso que escribió en el pizarrón está mal, y se lo voy a demostrar!".
Acto seguido lanzó la moneda al aire y la atrapó en la palma de su mano, tapándola con la otra mano que tenía desocupada, tras un instante la destapó y dijo:
-"Cara"...
Repitió el experimento.
-"Cara"...
Y una vez más.
-"Cara"... "¿ya vio?".
El experimento se repitió seis o siete ocasiones ante la mirada perpleja de los estudiantes y el nerviosismo del ponente, quien al parecer suplicaba porque saliera al menos una vez cruz para poder refutar la tesis de tan vivaz personaje.
Durante el tiempo que duró esta discusión (a la que bauticé con el título de: "reinventando la probabilidad y la estadística"), solo pude pensar:
-"¿Por qué?".
Por un momento me sentí obligado a pedirle que se abstuviera de emitir ese tipo de comentarios sin fundamento, sin embargo preferí dejar las cosas como estaban ya que al parecer los "ingenieros" asistentes a la cátedra impartida por un "doctor" terminaron convencidos de que habían estudiado 5 años en vano y de que en realidad los cimientos de la probabilidad y la estadística eran tan sólidos como aquellos que se construyen sobre terreno pantanoso.
Sin duda aquel alumno aún cree que descubrió el hilo negro. Su triunfo mal habido y falto de mérito, fue sin duda significativo para su mente primitiva, así que probablemente compartirá esta historia con su descendencia (que espero por bien de la humanidad sea poca) alguna tarde de domingo, al tiempo que observan un álbum de fotografías.
Me siento conmovido hasta las lágrimas por la simpleza del ser humano...
martes, 21 de octubre de 2014
SEMBLANZA DE UNA PERSONA A LA QUE CONOZCO...
Su cuerpo está hecho de tal manera que hasta un dibujante lo dibujaría mejor a oscuras y, si estuviera en su poder modificarlo, daría menos relieve a algunas de sus partes. Con su salud, que dista mucho de ser óptima, este hombre diría que ha estado casi siempre contento: posee el don de aprovechar debidamente sus días de buena salud. Su imaginación, que es su más fiel compañera, jamás lo abandona. Él se instala detrás de la ventana, la cabeza apoyada en ambas manos, y mientras quienes pasan a su lado solo ven un personaje cabizbajo y melancólico, él suele confesarse en silencio que, una vez más, se ha entregado a divagaciones muy placenteras. No tiene más que unos pocos amigos; a decir verdad, su corazón está siempre abierto a uno solo, presente, y a varios ausentes; su afabilidad hace que muchos lo crean amigo suyo, y lo cierto es que él los sirve también por ambición y amor al prójimo, mas no por ese impuso que lo lleva a servir a sus amigos de verdad. Ha amado tan solo una o dos veces, la primera, con un amor no desgraciado, la segunda, con uno muy feliz; conquistó un buen corazón únicamente a fuerza de jovialidad y de ligereza, y aunque ahora suele olvidar ambas cosas, siempre venerará la jovialidad y la ligereza como los atributos espirituales que le han deparado las horas más placenteras de su vida. Y si tuviera la posibilidad de volver a elegir un alma y una vida no sé si elegiría otras de poder recuperar una vez más las suyas. Ya en su adolescencia pensaba muy libremente sobre la religión, aunque nunca ha considerado un honor ser un librepensador, ni tampoco creer sin excepción en todo. Es capaz de rezar con fervor, y nunca ha podido leer el Salmo 90 sin que lo embargara un sentimiento sublime e indescriptible. "Antes de ser engendrados los montes" etcétera, significaba más para él que "Canta alma inmortal" etcétera. No sabe qué odia más, si a los jóvenes oficiales o a los jóvenes predicadores, con ninguno de los cuales podría vivir mucho tiempo. Su cuerpo y su indumentaria raramente han sido aptos y sus convicciones raramente... suficientes para las reuniones sociales. Espera no pasar nunca de tres platos a medio día y dos por la noche, con un poco de vino, ni quedarse por debajo de unas patatas, manzanas y algo de pan y también de vino diario: en ambos casos se sentiría infeliz. Ha caído enfermo siempre que ha vivido unos días fuera de estos límites. Leer y escribir son para él ocupaciones tan necesarias como comer y beber, y espera que jamás le falten libros. En la muerte piensa a menudo y nunca con horror; le gustaría poder pensar en todo con tanta serenidad y espera que algún día su Creador le reclame dulcemente una vida de la que él no fue un propietario demasiado avaro, aunque tampoco dilapidador.
Con esta semblanza se describe Georg Christoph Lichtenberg en una suerte de autorretrato.
Excelente narrativa que se puede encontrar en el libro "Aforismos", de su propia autoría, lectura ampliamente recomendada.
Con esta semblanza se describe Georg Christoph Lichtenberg en una suerte de autorretrato.
Excelente narrativa que se puede encontrar en el libro "Aforismos", de su propia autoría, lectura ampliamente recomendada.
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