lunes, 23 de junio de 2014

¿Y LAS PROMESAS APÁ?

Lo vi por la mañana mientras me dirigía a la oficina, un hombre de unos 75 años, con la tez arrugada, amarilla y de textura acartonada, encorvado, más flaco que delgado, los ojos sumidos y la mirada perdida, las ropas demasiado grandes para alguien de su talla.
Colgando de su hombro izquierdo un bolso de tela y sobre la cabeza una gorra, ambas prendas con los logotipos y las frases de la campaña emprendida por un presidenciable. A todas luces una imagen aterradora, grotesca y desoladora por el significado implícito.

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