viernes, 29 de noviembre de 2013
Historia
Nunca pude entender por qué me volvías loco, siempre lo analicé hasta el cansancio y en cada ocasión encontré que no existía motivo alguno, mas si te sentía cerca nada más importaba… ¿Sabes cuánto había imaginado este momento?... mil veces te imaginé así… recostada, con la mirada perdida en el momento en el cual avanzas al abismo de la soledad, a ese lugar donde moran los espíritus libres, con el último sabor, dulce y amargo, con el último suspiro, tibio y corto y con mis manos frías como el acero fundiéndose en tu vientre tibio y palpitante mientras exhalas el último aliento. Ahora me acerco sin perder la calma y te digo al oído “esta vida no te merecía…”.
Un parpadeo y despierto del trance, respiro profundamente y siento un sabor amargo en la boca… nada, solo la tenue luz que se filtra por las desgastadas cortinas de este cuarto de hotel. A lo lejos se escuchan gritos y risas, mientras en la habitación contigua el sonido del agua al caer interrumpe mis pensamientos, me dirijo a la ventana y dejo escapar una mirada hacia la calle. Varios pisos por debajo, se ve una docena de niños jugando y gritando, ríen y corren a lo largo de la avenida vacía, no hay vehículos circulando, la luz de las lámparas empieza a alumbrar las aceras mientras la noche comienza a caer implacable y serena sobre la ciudad, como un presagio de horror. Repentinamente un vuelco en el estómago me obliga a separarme del ventanal y dirigir mis pasos al cuarto de baño, con cada paso experimento un sentimiento de vacío, lentamente abro la puerta y el vapor del agua caliente lo nubla todo; “ella está aquí”.
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